domingo, 5 de junio de 2011

Oda de odio al queso

El queso es para mí como la kriptonita para Superman, una debilidad en sentido dañino. Siguiendo el símil con la kriptonita, el verde es el que más radiación nociva emite. Con el paso del tiempo voy conociendo gente que también detesta el queso, pero dentro de este colectivo hay una clasificación en dos grupos: los tolerantes y los puristas. Los tolerantes, aunque se identifican con un "no me gusta el queso", luego aceptan las variantes de queso más suaves: el de la pizza, el queso rallado en la pasta,... y sin embargo, los puristas no soportamos ninguno, siendo la raza pura sangre antiqueso.

Odio al queso

Hay una tonteoría que dice que las personas que sentimos repugnancia absoluta por cualquier queso, estamos un eslabón por delante en la escala evolutiva. Lo que está claro es que es un indicio de haber abandonado todo parentesco con los roedores.

El origen del queso se remonta a hace unos miles de años, cuando nuestros vecinos los alienígenas, para evitar que fuéramos algún día una amenaza para ellos, crearon un sistema de control de la evolución de la especie humana. Algunos de ellos, agentes infiltrados entre nosotros, operan el sistema propagando el queso, irradiando contra el gusto y olfato, para que al nacer se manifieste el gen aquesado. Pero afortunadamente algunos, por selección natural, nacemos sin esa alteración genética, libres, y fuera de su sistema de control QUESIX. Paradójicamente, vosotros los que amáis el queso nos veis a nosotros, que lo odiamos, como los bichos raros de otro planeta.

Empleando toda clase de trucos intentan tentarte al queso. Para atrapar a los hombres, sus ingenieros inventaron el queso de tetilla, cuya forma geométrica atrae a los machos por naturaleza. También tenían el proyecto equivalente para cautivar mujeres, crear el queso de pollilla, pero por un error de transcripción de un becario marciano, que iría cargadito de Grog u otra bebida similar, se perdió una L, o se la fumó, quedándose en queso de polilla, y surgiendo así ese tipo de queso agujereado.

Abróchense el cinturón, del estómago, que entramos en párrafo escatológico, porque quiero transmitiros fielmente lo que sentimos los de mi especie. El queso es para nosotros como para vosotros la mierda, de hecho, lo consideramos una variante amarillenta de la misma, que para colmo se sirve en la mesa. Comer una fondue de queso, lo vemos como mojar pan en una cacerola de vómito. Y es que no olvidéis que el queso es el alimento favorito de las ratas, las cuales viven en cloacas y les gusta lo putrefacto, siendo en ese caso normal que vean como exquisito este trozo descompuesto de bacterias y moho.

Los antiquesos sufrimos una presión constante, teniendo que estar siempre alerta ante amenazas. Entrenados para emplear la coletilla “pero sin queso” al pedir cualquier plato en un restaurante; periodistas de élite, siendo la pregunta que más formulamos en nuestra vida: ¿lleva queso?, y sin fiarnos de la respuesta obtenida, realizamos una minuciosa inspección. Nos intentan contaminar durante toda la vida, son muchos los agentes QUESIX y las personas ya infectadas.

Mi propia madre intentó eliminarme en varias ocasiones durante la infancia, en una ocasión con un Petit Suisse, que no parecía contener la sustancia; y en otra, disfrazando el queso con una gabardina de jamón dulce. Por suerte, nuestros sensores innatos lo detectan siempre a tiempo. Un ataque más reciente fue en una boda, cuando después de un buen manjar, llegaba el helado para bajar la comida, sin embargo la comida no bajó, subió, al sentir en mis papilas un sutil sabor a mecagoentuputamadre ¡era helado de queso!, al cocinero que se le ocurrió le faltaba un hervor.

Los alienígenas, mediante técnicas avanzadas de Marketing, introdujeron hasta un piropo para promocionar el queso, la expresión “estás como un queso”, a la cual le han implantado el significado de estar muy bueno. El caso es que los casi queso lobotomizados no podéis distinguir que eso es un cumplido absurdo, y que objetivamente se trata de un insulto que denota estar podrido, grasiento y maloliente. Normal que el alien que lo instauró todavía se ría cada vez que lo empleáis como piropo. Otro absurdo es el refrán promovido de “uvas, pan y queso saben a beso”, pero vamos a ver ¿a qué has besado tú? O has tenido muy mala suerte en tus relaciones o lo único que has besado son unos pies sudorosos.

Desde la resistencia intentamos asociar lo relativo al queso como algo malo, en el mundillo gamer se ha puesto al queso en su lugar, empleando el término de Chetos a todos aquellos jugadores despreciables que usan cualquier trampa en el juego. También en una de las acepciones de repetición de queso, requesón, hemos conseguido que sea percibido como algo desagradable. Seguiremos con nuestra lucha y proclamando: ¡queseros del mundo extinguíos, dejad que continúe la evolución!


Aquí termino este questigo porque sino a la noche tendré quesadillas... ¡Oh no! me ha infectado, lo he mencionado demasiadas veces, marcho a tomar el antídoto.


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